¿Buscas vivir a Cristo o ser un cristiano próspero?

No dejes que te arrastre la ambición No dejes que te arrastre la ambición

Ps. Fernando Alexis Jiménez

La carta llegó con la contundencia de una estrella que atraviesa fugaz el cielo en una noche oscura. Provenía de Guatemala y en ella, la corresponsal me expresaba la enorme desilusión que la asaltaba. “Vi un programa de televisión. El predicador decía que si daba cien dólares, Dios me multiplicaría la siembra. Di el dinero pero no pasó nada. Ahora tengo la deuda. ¿No que el Dios nuestro es un Dios de riquezas”. Un mensaje más de los muchos que llegan, de personas que se sienten engañadas en su fe.

 

Y recuerdo a Hugo, un pastor amigo. Fuimos a escuchar un predicador de la prosperidad en el Estadio de Cali. Un mensaje fogoso, pero por ninguna parte mencionaba a Jesucristo. Al final terminó retándonos a todos a dar lo que teníamos en los bolsillos.

 

Al terminar el evento, invité al consiervo para que fuéramos a tomar el autobús. “No, me quedo…”, respondió. “¿Por qué?”, interrogué pero insistió que se quedaba.

 

Me fui preocupado y hora y media después llamé a su casa. Acababa de llegar. Dio todo, hasta el dinero de pasaje en colectivo. Y me recordó pesaroso: “¿Recuerdas al conferencista? Dijo que si dábamos todo lo que teníamos en el bolsillo, Dios proveería… y debí regresarme caminando

 

¿Le ha ocurrido alguna vez?

 

Decenas de personas han caído en la misma situación. Han invertido el orden de las cosas. El Señor Jesús enseñó: “Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. ”(Mateo 6:32-34)

 

¿Qué nos enseño el Maestro? Por lo menos tres cosas que le invito a considerar a partir de este pasaje:

 

1.- Quienes se ocupan de la provisión, antes que de buscar a Dios, son los gentiles, en otras palabras, quienes piensan solo en lo material.

2.- Que hemos invertido el orden de las cosas. Dios nos mandó buscar primero el reino de Dios y su justicia y luego, dijo, vendrían las demás cosas como añadidura, y hoy muchos buscan primero las “añadiduras” y dejan en último lugar el reino de Dios.

3.- Debemos buscar a Dios y dejar que Dios se ocupe de nuestras necesidades.

 

Le invito para que revise su vida. ¿Acaso ha invertido su orden de prioridades?¿Qué le preocupa más: Dios o el dinero? La respuesta es suya y nada más que suya. Espero que en adelante, tome decisiones acertadas… Dios orientará su vida… y sabrá moverse en la dirección apropiada…

© Fernando Alexis Jiménez – Contacto (057)317-4913705

Email: pastorfernandoalexis@hotmail.com

Deje que Dios pelee sus batallas

Dios nos lleva a la victoria siempre Dios nos lleva a la victoria siempre

Fernando Alexis Jiménez

La batalla ante los estrados judiciales por su jubilación, había iniciado un año y dos meses atrás. Negaron en varias instancias la solicitud. En cada ocasión pedían nuevos documentos, muchos de ellos inexistentes. Las autoridades pretendían corroborar que durante varios años había ejercido como maestra en una apartada zona campesina, luego como secretaria de un colegio de secundaria y por último, como auxiliar de educación media. En conjunto veintitrés años al servicio del magisterio. Ahora negaban su petición de recibir el estipendio mensual producto de la jubilación.

La desesperación la embargó en un comienzo. Encontraba que las secretarias de los juzgados arrugaban el ceño y en dos ocasiones le hicieron señas con la mano de que esperara, en tanto terminaban prolongadas conversaciones triviales. Las funcionarias entendían que era preferible enterarse de cómo había transcurrido la telenovela, la noche anterior, que conocer las intenciones de la docente que tenían enfrente, sudorosa, cansada y abanicándose con unos papeles.

Hasta se había grabado el número de escalones que la separaban del primer piso. Eran ciento trece. Se conocía de memoria cada uno de los pisos e incluso podía describir, con sus ojos cerrados, cuántas puertas, ventanas y escritorios se encontraban en cada lugar. Hasta este punto había memorizado el edificio al que estaba cansada de ir en procura de justicia.

Y justicia fue la que pidió a Dios. Oró. Lo hizo con fervor, bajo el convencimiento de que nadie más que Él puede abrir puertas que jamás se cerrarán, y cerrar puertas que jamás se abrirán.

La querella jurídica se extendió por otras semanas, y aunque por momentos no tenía ni siquiera el dinero para movilizarse hasta los juzgados, llegó el momento de la respuesta: lo que parecía imposible se produjo: la adjudicación de la pensión. Las autoridades decidieron revisar su caso, y contraria a la opinión de muchos abogados, le concedieron el pago de una mesada mensual...

Preparados para la batalla

La vida no es fácil. Es muy diferente de las imágenes de hombres, mujeres y niños sonrientes que apreciamos en los comerciales de televisión o las propagandas de las revistas. La existencia está rodeada de momentos agradables, etapas de incertidumbre pero también, de espacios desagradables que son justamente los que nos roban la tranquilidad.

¿Qué hacer frente a esta situación ineludible? Estar preparados. No significa que asumamos una actitud derrotista o con predisposición a lo malo, sino de conservar la calma cuando en el horizonte apreciemos densos nubarrones que anuncian una tormenta.

La ilustración más apropiada para la ocasión, la ofrecen los guerreros. En particular una historia que relata el primer libro de Crónicas, capítulo 5 versículos del 18 al 22, arroja luces sobre la actitud que asume un creyente cuando llegan los problemas.

De acuerdo con el relato tres tribus de Israel: los hijos de Rubén y de Gad y la media tribu de Manases, eran "hombres valientes, hombres que traían escudo y espada, que entesaban arco, y diestros en la guerra, eran cuarenta y cuatro mil setecientos sesenta que salían a batalla.". Observe las características que les rodeaban: valientes, listos a pelear en cualquier momento y "diestros en la guerra".

¿Cuál es su actitud?

Una pregunta clave: ¿Cuál es su reacción cuando surgen las dificultades? ¿Acaso emprende la huída? ¿Está preparado para afrontar las circunstancias, por adversas que parezcan?

Las dos tribus y media que refiere la historia en esencia se componían de personas dispuestas a guerrear en cualquier momento. Igual que lo debemos estar nosotros, porque los problemas tocan a la puerta cuando menos los esperamos. Ellos y también nosotros, como hijos de Dios, tenían todas las condiciones para vencer. Jamás lo olvide: usted y yo somos vencedores. Repítaselo cuantas veces sea necesario hasta que lo asimile en su cotidianidad. Cuando lo hacemos, absolutamente nada nos tomará por sorpresa.

Enfrentando las dificultades

Llama poderosamente la atención del avestruz que cubre su cabeza a ras de tierra. Igual que muchas personas que asumen, de forma errada, que eludir enfrentar las dificultades, ayuda en algo. Por el contrario, en la mayoría de los casos los problemas se dimensionan.

¿Qué hicieron los israelitas? Se dispusieron a poner cara a las dificultades. Algo así como "tomar el toro por los cachos", alusión que se hace en Latinoamérica a quienes deciden salir al paso de los tropiezos en procura de encontrar una salida oportuna y eficaz.

Las Escrituras relatan que "Estos tuvieron guerra contra los agarenos, y Jetur, Nafis y Nodab" (versículo 19). Salir de huida no era lo más aconsejable. Y lo comprendieron a tiempo.

Batallas en oración

¿Qué hicieron entonces? Lo que usted y yo estamos llamados a hacer en estos casos: orar a Dios. Cuando las batallas las libramos en clamor delante del Padre, el Señor toma control de todas las cosas. "Y fueron ayudados contra ellos, y los agarenos y todos los que con ellos estaban se rindieron en sus manos; porque clamaron a Dios en la guerra, y les fue favorable, porque esperaron en él." (versículo 20).

Él es quien nos da la victoria. En nuestras fuerzas renunciaremos pronto, en las fuerzas de Dios iremos hasta el final.

Esperar sin desesperar

Reviste particular significación el hecho de que lograron vencer "... porque esperaron en él" (versículo 20 b). ¿Comprende lo que significa? Aunque en lo más profundo de su corazón deseaban que la respuesta se produjera ya, esperaron.

Durante el tiempo en que no veían nada diferente a las dificultades, la fe que gobernaba su corazón les permitió guardar la calma. Sabían que el Señor Dios respondería.

Los resultados son favorables si la guerra es de Dios

Hay momentos en que quisiéramos resolver las cosas a nuestra manera. Esa es la razón por la cual, después de orar, obramos en las fuerzas que nos acompañan. ¡Error enorme!

Los hijos de las tribus de Rubén, Gad y Manases hicieron lo que les correspondía: enfrenta la adversidad de la guerra, pero ir asidos de la mano del Creador. La respuesta no tardó: "Y tomaron sus ganados, cincuenta mil camellos, doscientas cincuenta mil ovejas y dos mil asnos; y cien mil personas. Y cayeron muchos muertos, porque la guerra era de Dios; y habitaron en sus lugares hasta el cautiverio." (versículos 21 y 22).

¿Se da cuenta de lo que ocurrió? La batalla era de Dios. Y ese hecho aseguró una extraordinaria victoria.

Igual con su vida. Es probable que enfrente momentos sumamente traumáticos y en medio de la desesperación piensa que nada ni nadie podrá cambiar las circunstancias. Sin embargo quiero recordarle que ese Alguien que responderá con poder a sus necesidades, es Dios. ¿Qué hacer? Primero, guardar la calma para que la angustia no nos embargue; segundo, orar al Padre en procura de su ayuda divina; tercero, tener fe dejando de lado toda sombra de incredulidad, y por último, esperar en Él. Nos concederá la victoria, sin duda...

Sin desea que le ayudemos a interceder, no dude en escribirnos ahora mismo...

© Fernando Alexis Jiménez – (0057)317-4913705

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Expulsando a Satanás de nuestros territorios

Fernando Alexis Jiménez

Con el poder de Jesucristo, Satanás está vencido, derrotado y hay que echarlo fuera Con el poder de Jesucristo, Satanás está vencido, derrotado y hay que echarlo fuera

Lo insólito ocurrió. Los otrora cantos de alabanza a Dios, los fines de semana, se fueron opacando por el sonido estridente que salía de una discoteca que abrieron junto al templo. El segundo piso del lugar –un verdadero antro disfrazado de lugar de baile--era utilizado como motel, cuna de prácticas inmorales de maldad.

 

--Esta es la antesala del fin del mundo—dijo horrorizada la hermana Gilma, por muchos años diaconisa de la congregación.

 

No tan extremista, José Abelardo, líder de jóvenes, anticipó que era una afrenta a la obra de Dios:--Mira que establecer un motel junto a una iglesia… ¡Santo Dios, jamás íbamos a imaginarlo!--.

 

Lo que sorprendía a todos, era la rapidez con que las autoridades de la ciudad autorizaron la apertura de dicho negocio. Mientras que plantar una iglesia se convertía en una verdadera odisea por el cúmulo de aplicaciones, formatos y requisitos que se debían llenar, un bar tenía vía expedita para establecerse, sin importar que perturbara la tranquilidad y atentara contra la moral pública.

 

--No podemos permitirlo—dijo Aura María, la esposa del pastor--. Vamos a dar la batalla en oración desde el viernes mismo, con una vigilia--.

 

Desde ese día, todos se dieron a la tarea de clamar. Una tarea incesante. No desaprovechaban ningún espacio para elevar oraciones y rogativas al Señor, declarando que los muros de ese negocio de maldad caían al suelo. No faltó quien alertara al propietario sobre las pretensiones de los evangélicos. “Están locos”, se reía a carcajadas:“Vamos a ver quién se cansa primero”.

 

Pero un escándalo, producto de una reyerta en la que se registraron hasta heridos, fue el comienzo del desmoronamiento de esa fortaleza de Satanás. Siguieron clamando y dos meses después, el establecimiento fue sellado por disposición de las autoridades. ¡Comprobaron que se expendía y consumían alucinógenos! No tuvieron forma de ocultar lo que ocurría allí.

 

Los cristianos de la pequeña iglesia, de quienes muchos se burlaban, obtuvieron la victoria en el poder de Jesucristo y recobraron el territorio que antes había tenido bajo su dominio Satanás…

 

Poder de maldad que trastorna el mundo

 

El dominio territorial de Satanás ejerce una poderosa influencia, no solo oprimiendo y cegando a las personas, sino incluso, ejerciendo gobierno sobre las circunstancias.

 

Un ejemplo claro lo hallamos en la historia de Job, de quien dice la Biblia que era “…un hombre recto e intachable, que temía a Dios y vivía apartado del mal”(Job 1: 1, NVI)

 

Como un padre preocupado por su familia y fiel a su compromiso con Dios, intercedía por ellos—siete hijos y tres hijas—que a la luz del relato entendemos que no eran creyentes.

 

Satanás, que se caracteriza por procurar poner tropiezo a los planes divinos, no solamente intrigó contra Job sino que además, pidió sutilmente que no gozara más de los tres círculos de protección que el Padre celestial ha dispuesto para nuestras vidas: Y el Señor le preguntó:—¿De dónde vienes? —Vengo de rondar la tierra, y de recorrerla de un extremo a otro —le respondió Satanás. —¿Te has puesto a pensar en mi siervo Job? —Volvió a preguntarle el Señor—. No hay en la tierra nadie como él; es un hombre recto e intachable, que me honra y vive apartado del mal. Satanás replicó:—¿Y acaso Job te honra sin recibir nada a cambio? ¿Acaso no están bajo tu protección él y su familia y todas sus posesiones? De tal modo has bendecido la obra de sus manos que sus rebaños y ganados llenan toda la tierra. Pero extiende la mano y quítale todo lo que posee, ¡a ver si no te maldice en tu propia cara!—Muy bien —le contestó el Señor—. Todas sus posesiones están en tus manos, con la condición de que a él no le pongas la mano encima.”(Job 1:7-12. NVI)

 

Lo más sorprendente vino un poco más adelante, cuando encontramos que a raíz de la manipulación de las condiciones climáticas, e incluso utilizando hombres malos que actuaban como instrumentos de Satanás, nuestro enemigo espiritual despojo a  Job de su familia y de sus posesiones (Cf. Job 1:13-19).

 

No es extraño entonces que en regiones donde domina el mal, ocurran hechos violentos, haya desenfreno e inmoralidad, primen condiciones adversas como el hambre y la enfermedad, la economía vaya en picada y los índices de muertes por enfermedades apunten al crecimiento sostenido.

 

Cuando encontramos que hay fenómenos en apariencia inexplicables y que la maldad está cada vez más fortalecida, es cuando debemos asumir con diligencia nuestra tarea de intercesores y soldados, prestos para la batalla, sabiendo que en nuestro amado Señor Jesucristo tenemos asegurada la victoria.

 

Para descubrir las fortalezas del demonio y proceder a derribarlas, es esencial que acudamos a la cartografía espiritual.

 

¿Para qué sirve la cartografía espiritual?

 

Cuando asumo conferencias sobre guerra espiritual, uno de las preguntas recurrentes de los asistentes es: ¿Para qué sirve la cartografía espiritual?. Incluso hay quienes se cuestionan si tiene fundamento bíblico y teológico.

 

Lo primero que hago es recordarles que el concepto de cartografía es relativamente nuevo y comenzó a acuñarlo el ministro cristiano George Otis en la década de los noventa. Abrió las puertas para abordar este tema con seriedad y de manera sistemática, con su libro “El último de los gigantes”.

 

Este reconocido autor le dio muchas luces y sentido al tema la batalla que se libra en las dimensiones física y espiritual, y que describe el apóstol Pablo en su carta a los creyentes de Éfeso: Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.”(Efesios 6:12. NVI)

 

Ahora vamos al aspecto de para qué sirve. Esencialmente para identificar dónde operan principados y potestades y el grado de influencia que ejerce sobre los moradores de determinada zona. Con ayuda del Espíritu Santo, nos da la posibilidad de poner al descubierto las estratagemas del diablo y desbaratarlas, tornando más eficaz de un lado los procesos de evangelización, y de otro, la oración profética.

 

Hay cambio, bendición y  crecimiento

 

La cartografía espiritual es altamente beneficiosa para la iglesia. Está probado que en donde se ha desarrollado una confrontación abierta con las fuerzas de maldad, recobrando los territorios en los que dominaba en adversario, se ha producido un crecimiento cuantitativo y cualitativo de su membresía: cristianos comprometidos, cuyo número crece cada día.

 

Se dan pasos sólidos hacia el propósito que nos debe asistir, de contribuir decididamente para que se establezca el reino de Dios entre nosotros (Cf. Mateo 6:10). Al enseñar a sus discípulos a orar—y también a nosotros hoy—el Señor Jesús les dijo que era imperativo clamar: “…venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.”.

 

Cuando lo hacemos, los perdidos se salvan y se derraman las bendiciones sobre la tierra, los enfermos reciben sanidad, hay justicia y disminuyen los índices de violencia.

 

En el campo de la oración y la intercesión, se logran resultados poderosos, los muros levantados por el enemigo caen, escuchamos la voz de Dios de una manera sorprendente—porque no hay ningún tipo de interrupciones—y tenemos una comprensión mucho más amplia de la batalla que estamos peleando contra las fuerzas del mal.

 

Cartografía espiritual en la antigüedad

 

Hay una descripción reveladora de la forma como un croquis o mapa, es útil en el proceso de guerra espiritual. La cartografía no es nada nuevo. El profeta Ezequiel relata cuál fue el mandato que recibió de parte de Dios y que está íntimamente ligado a este tema: “Hijo de hombre, toma ahora un ladrillo, ponlo delante de ti y dibuja en él la ciudad de Jerusalén.  Acampa a su alrededor y ponle sitio; levanta torres de asalto contra ella y construye una rampa que llegue hasta la ciudad; instala máquinas para derribar sus murallas. Toma una plancha de hierro y colócala como un muro entre ti y la ciudad, y fija tu mirada contra ella. De esa manera quedará sitiada: tú mismo la sitiarás. Eso les servirá de señal a los israelitas. ”(Ezequiel 4:1-3, MVI)

 

Observe por favor que el siervo de Dios debió realizar una maqueta de la ciudad de Jerusalén y la representación espiritual que se da, acerca de la forma como sus moradores estaban sitiados por el enemigo.

 

Insisto en que el asunto no es nuevo. Por el contrario, es antiquísimo. Recientes hallazgos arqueológicos permitieron desenterrar un diseño de la ciudad de Nipur (otrora llamada Sumeria), elaborada en tabillas de arcilla alrededor del año 1.500 a.C. En aquella urbe dominaba un espíritu territorial: Enlil o dios del aire.

 

Igual que esta metrópoli, en donde el diseño era atípico, en la ciudad de La Plata (Argentina) el diseño de las calles no sigue el sentido el sentido norte-sur, sino en diagonales, coincidiendo con los símbolos de la francmasonería.

 

Batallando con ayuda de la cartografía espiritual

 

Basta conocer sobre estos registros primarios del mapeo que se hacía de territorios, para comenzar a pensar en la validez que tiene para nuestro tiempo, ya que pone al descubierto técnicas, estrategias y armas de nuestro enemigo espiritual. Así es mucho más fácil golpear y derribar las estructuras y fortalezas de maldad.

 

Ahora, se preguntará: ¿Todos están llamados a dar la batalla con ayuda de la cartografía espiritual? Sin duda que sí. Es tarea de todos los cristianos. No obstante, es bueno considerar aquí lo que enseña la Escritura: “Y añadirán los oficiales: "Si alguno de ustedes es miedoso o cobarde, que vuelva a su casa, no sea que desanime también a sus hermanos.”(Deuteronomio 20:8, NVI)

 

En otras palabras, debe haber en nosotros disposición, valentía y esfuerzo. No es para cobardes, ni para quienes todavía—pese a que Satanás está derrotado—le conceden credibilidad y hasta le dan cierto matiz de poder—que insisto, ya no tiene. Lo que no podemos es desconocer es que él sigue luchando contra el pueblo de Dios y debemos estar prestos a dar la batalla, hasta sacarlo en huida:  “Por eso, ¡alégrense, cielos, y ustedes que los habitan! Pero ¡ay de la tierra y del mar! El diablo, lleno de furor, ha descendido a ustedes, porque sabe que le queda poco tiempo.» ”(Apocalipsis 12.12)

 

La meta hacia la que debemos orientar nuestros esfuerzos, es poner freno a las agresivas acciones  de engaño y dominación territorial de nuestro adversario espiritual

 

No podemos seguir en una actitud pasiva

 

La  iglesia de Jesucristo en todo el mundo está llamada a desenmascarar las obras del diablo. Por ese motivo, es fundamental echar mano de la  cartografía espiritual porque permite identificar lo que permanece oculto y pasa inadvertido.

 

Cuando lo hacemos, las  fortalezas espirituales de maldad quedan al descubierto (Cf. Daniel 10:19-24).

 

Ahora, es esencial que hagamos un apropiado diagnóstico de qué está ocurriendo. Es posible con oración, ayuno y una búsqueda sincera y comprometida de nuestro amado Dios y Padre celestial.

 

Recuerde que Satanás toma dominio de un país, una región, una ciudad o un caserío, por la práctica del pecado, ritos ocultistas y se transmite  el dominio territorial de maldad, de generación en generación, a través de ceremonias y festividades que mezclan lo religioso con lo pagano.

 

En varias ciudades y poblados de Latinoamérica se rinden cultos a la muerte y al diablo, disfrazando tales ritualismos como una exaltación a un “espíritu festivo, alegre y protector”. ¡Mentiras de Satanás!

 

A esto se suma las puertas que se abren cuando se aprecian películas, programas, se escucha música o se lee sobre filosofías con trasfondo ocultista, o cuando se le da rienda suelta a prácticas y/o actividades que seducen la carne: bajas pasiones, lujuria, drogas, deportes extremos que ponen en peligro a sus practicantes y ritos ocultistas, entre otros.

 

Pero ¡Gloria a Dios! El enemigo espiritual está al descubierto y en la autoridad de Jesucristo, estamos llamados a recobrar el gobierno de naciones y pueblos para el Reino de Dios.

 

¿Cómo identificamos territorios dominados por la maldad?

 

Además de la violencia, el desenfreno, la sensualidad, las muertes y hechos en apariencia inexplicables, identificamos la maldad que domina en un territorio cuando hay por lo menos dos características relevantes: hay abierto dominio de la maldad sobre circunstancias y la voluntad de las personas y un tácito rechazo al evangelio.

 

Sin duda usted habrá encontrado que en ocasiones sentimos que hemos atravesado una frontera invisible que separa el bien del mal. Un ejemplo lo ofrece una joven profesional de Miami que al llegar a su apartamento, descubría dos niveles de temperatura. El cálido—muy propio de la ciudad—y en determinada área, específicamente en una habitación, un frío que calaba los huesos.

 

Cuando Yolanda averiguó sobre los antiguos propietarios, descubrió que realizaban prácticas ocultistas los viernes en la noche, y que incluso en esa habitación, había muerto un niño menor de tres años.

 

La victoria se alcanzó tomando autoridad en el nombre de Jesucristo, y echando fuera toda presencia de maldad. A punta de clamor y autoridad delegada por el Señor para todos los creyentes, se recobró el dominio del sector específico del apartamento en el que por mucho tiempo gobernó la presencia del mal.

 

¿Qué hacer?

 

Cuando gracias  a la cartografía espiritual descubrimos tronos, potestades y espíritus de maldad que dominan sobre determinada zona, es imperativo que nos demos a la tarea de orar y ayunar específicamente en contra de tales manifestaciones de dominio espiritual.

 

Tenga presente que tal como anota la Biblia, en Cristo usted y yo somos más que vencedores (Cf. Romanos 8:37).

 

Ya Satanás no tiene dominio sobre los creyentes, y por tanto, debemos dar pasos de avanzada. Atrás quedaron, por la obra redentora del Salvador, los motivos que tenía para tenernos atemorizados y bajo su asedio (Cf. Colosenses 2.14, 15)

 

Recorra la zona por la que esté clamando, que sus pasos queden fijados en avenidas, calles, parques y donde quiera que se haya identificado presencia de la maldad. Unja con aceite aquellos lugares y proclame, en el nombre de Jesucristo, que toda fortaleza de Satanás cae por tierra. ¡Se sorprenderá de los resultados!

 

Es tiempo de batallar, no de quedarnos quietos. Recuérdelo siempre: tenemos asegurada la victoria…

 

Si tiene alguna inquietud, por favor—no dude en escribirme a fernandoalexis@aol.es o si lo prefiere, puede contactarme llamando al teléfono (0057)317-4913705

 

© Fernando Alexis Jiménez

Los mayores causantes de la separación matrimonial

Sólo con ayuda de Dios podrás encontrar salida a la amenaza de separación matrimonial Sólo con ayuda de Dios podrás encontrar salida a la amenaza de separación matrimonial

Fernando Alexis Jiménez

La invitación al matrimonio fue elaborado en el más fino papel de la India. Una esquela azul clara, con letras doradas. Una verdadera obra de arte, a ojo de buen impresor. Y la fiesta estuvo a la altura de las circunstancias. Asistieron más de cien invitados.

La pareja viajó a Centroamérica. Estuvieron una semana en un crucero que llegó hasta los Estados Unidos. Una verdadera fortuna. Pero no importaba. Estaban muy felices. No había momento igual. Las fotografías evidenciaban la emoción que embargaba a José Antonio y Luisa María. Un cuento de hadas, comentaban amigos y familiares.

Pero igual sorpresa despertó el anuncio, tres meses después, cuando se enteraron de que los dos se separaban. Si no lo hacen, uno habría salido muerto.

¿Qué había ocurrido? Que en poco tiempo salieron a flote varios errores recurrentes en las parejas y que son los causantes de que, por cada cien enlaces matrimoniales, el ciento por ciento concluye en separación.

¿Desea conocerlos? Le invito para que los identifiquemos juntos:

1.- La infidelidad destruye el matrimonio

En una sociedad que valida la infidelidad, el que una persona descubra que su cónyuge falló al irse con otro u otra, así sea por un rato, provoca serias lesiones difíciles de superar. Resquebrajan la confianza y además, provocan inseguridad.

¿Cuál es la posición de nuestro amado Padre celestial respecto a la promiscuidad? La encontramos en las Escrituras: "Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. ¿No hizo él lo uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardados pues en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos: Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales." (Malaquías 2:14-16).

Como podrá apreciar, es necesario permitirle a Dios que tome control del hogar para que la infidelidad no aparezca ni se mencione siquiera entre los componentes de la pareja.

2.- La falta de comunicación.

Resulta sorprendente que cuando son novios, los componentes de la pareja hablan hasta más no poder. Es el período en el que se elevan los consumos telefónicos. Pero una vez se unen en matrimonio, cesa la comunicación. En circunstancias así, se abona el terreno para que llegue la rutina y progresivamente, en enlace amenace con desmoronarse.

3.- Adicción al trabajo.

Si uno de los dos cónyuges es adicto al trabajo y asume la costumbre de llevar ocupaciones al hogar, no cabe la menor duda de que se irá erosionando la relación y pronto, quienes fueron invitados a un matrimonio con bombos y platillos, se enterarán de que la "pareja ideal" está realizando los trámites de separación.

4.- Utilizar palabras soeces e hirientes.

Cuando vamos a las Escrituras, leemos que: "La lengua apacible es árbol de vida; más la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu" (Proverbios 15:4). ¿Comprende el alcance de esta enseñanza? Es profunda y revela el poder que encierran las palabras. Con ellas edificamos o destruimos. Por eso es importante que nos cuidemos mucho al hablar y, para bien del hogar, desechemos toda expresión soez e hiriente. Puede causar mucho pero mucho daño.

5.- Culpar a la pareja por los errores cometidos.

Si desea provocar reacciones airadas y prevención en su cónyuge, sáquele en cara todos los errores. Dígale "siempre haces esto o aquello". ¿Qué consecuencias desencadena esta actitud? Sin duda alguna una verdadera tormenta. Eso no justifica pasar por alto las fallas, sino saberlo decir en términos que estimulen al cambio, antes que constituyan una actitud hiriente de señalamiento.

6.- No ayudar al cónyuge a evitar caer en lo mismo.

Incurrir en los mismos errores es una inclinación frecuente en los matrimonios. Más cuando van camino a la separación o al menos sientan las bases para que se llegue a esta situación extrema. Lo aconsejable es animar a su pareja a corregir, con ayuda de Dios, aquellos errores en los que caen con frecuencia.

7.- Intromisión de terceros.

Cuando contraemos matrimonio, es con el cónyuge, no con la suegra, el suegro, los hermanos, los primos o los vecinos. Si permite la intromisión de terceros, estará llevando al abismo su relación.

8.- Intolerancia.

Los seres humanos manejamos ciertos niveles de tolerancia; no obstante hay quienes no actúan así. Por esa razón, los divorcios están a la orden del día. Es importante que tengamos presente al apóstol Pablo cuando escribe: "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará." (Gálatas 6:7).

Si esperamos comprensión, debemos comprender. Si esperamos amor, debemos amar. Si esperamos perdón, debemos perdonar.

Permita que Dios reine en su hogar

Es esencial que, si desea un matrimonio sólido, es imperativo que vigile los factores que acabamos de enumerar. Pero además, y como fundamento ineludible, permita que Dios gobierne en su hogar.

En la Biblia leemos que "Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia" (Salmo 127:1).

Sólo nuestro amado Padre puede resolver las circunstancias adversas que amenazan la relación matrimonial y es Él quien pone en orden todas las cosas.

Someta hoy su hogar en manos de Aquél que todo lo puede. Asegurará la continuidad de un enlace que sin duda, es la voluntad de Él para su vida, a menos que haya sido bajo su propio criterio—y no confiando en Él—que tomara la decisión.

No lo olvide: ¡Su matrimonio puede salvarse si tan solo le abre la puerta a Dios!

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dudo en escribirme a fernandoalexis@aol.es o bien, puede contactarme en el teléfono (0057)317-4913705.

© Fernando Alexis Jiménez

El ocultismo, ¿qué peligros encierra?

El ocultismo abre puertas a la maldad...¡Cuidado! El ocultismo abre puertas a la maldad...¡Cuidado!

Fernando Alexis Jiménez

Rosaura se enteró sobre los servicios del supuesto mentalista, el día que cruzaba una avenida en Santiago de Cali y alguien le extendió una tarjetita. Igual hacía con todos los transeúntes. "Es el mejor de todos los que ejercen el oficio", le aseguró.

Y ella sintió curiosidad. Tenía problemas en casa. Sus padres le hacían la vida insoportable. Además, reñía constantemente con su novio. Sospechaba que él tenía a otra chica. Y de las finanzas, ni hablar. Cualquier peso que entraba en su bolsillo, se iba como agua.

Llamó al agorero un día cualquiera. "Lo hice por curiosidad", diría al ser cuestionada por una tía suya.

El adivino oficiaba en una lóbrega habitación que hacía las veces de oficina y en donde, además de velas, estaban representados todos los santos habidos y por haber.

El hombre le leyó supuestamente las líneas de la mano y, para quedar más seguro, le echó las cartas del Tarot. A cambio de darle el diagnóstico le pidió una gruesa suma de dinero. "Despreocúpese que su economía mejorará de la tierra al cielo", le dijo.

La autosugestión llevó a que Rosaura pensara que la situación estaba mejorando. Fruto de ese convencimiento, empeñó una buena cantidad de los electrodomésticos para pagar las deudas que le estaba generando el mentalista.

Tres meses después descubrió que no servía de nada, y por el contrario, estaba inmersa en mayor número de deudas. Además la racha de dificultades iba en aumento...

El ocultismo desata maldición

Resulta sorprendente que cada día sea mayor el número de personas invierta tiempo y dinero para tener a mano el horóscopo, el biorritmo, la lectura de las cartas y el análisis de la supuesta "aura", con el propósito de conocer el futuro.

De acuerdo con las Escrituras, encontramos que acudir a las prácticas ocultistas no solamente trae confusión, abre las puertas al mundo demoníaco sino que también desencadena maldiciones.

Desde hace muchos siglos Dios condenó tales prácticas y advirtió que las naciones que incurrían en esas costumbres eran anatema, es decir, maldecidas.

Nuestro amado Señor exhortó al pueblo de Israel con palabras claras y contundentes: "No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos." (Deuteronomio 18:10, 11)

Los pueblos sobre los que vino juicio divino, hacían tales cosas y, llegado el momento de la crisis, Satanás –en quien tanto habían confiado—no salió al paso en su ayuda.

Abrir puertas al ocultismo no es algo nuevo

Consultar diversas formas de ocultismo e incluso, a los muertos, no es nada nuevo. El rey Saúl, uno de los más reconocidos en la historia de Israel, prohibió la práctica de la adivinación, pero él mismo cayó en ella.

Ocurrió cuando los filisteos acamparon en Sunem. Venían con el ánimo de conquistar el territorio. Él por su parte, acampó sus tropas en Gilboa, aunque estaba presa de la angustia.

La historia completa a la que haremos alusión la puede encontrar en 1 Samuel 28:3-23.

Pese a que él mismo había echado fuera del territorio a encantadores y adivinos, buscó a una bruja residente en Endor (versículo 8). La mujer supuestamente veía a los espíritus, por lo que es fácil deducir que su oficio era el de médium. Y uno de tales entes espirituales lo asoció con el profeta Samuel (versículo 12)

Satanás habló a través del espíritu que se hizo pasar por el anciano ministro y trajo mayor desconsuelo y angustia al rey Saúl. Las consecuencias por supuesto fueron fatales.

Sólo Dios conoce el futuro

Nuestra vida está en manos de Dios. Él conoce nuestro presente y nuestro futuro. Es en Él en quien debemos confiar.

El rey David describió la situación de esta manera "En tu mano están mis tiempos; Líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores." (Salmo 31:15)

Es evidente que además de reconocer la supremacía de Dios, sometía a Él su futuro. No tenía temor porque sabía que el Señor es quien gobierna absolutamente todo lo que nos ocurre, y por tanto, puede cambiar las circunstancias que en apariencia lucen adversas.

Recuerde siempre que refiriéndose a Dios, el profeta escribió que "El muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos." (Daniel 2:21 Cf. 24:1)

Aún si siente que todos los problemas del mundo están cayendo sobre sus hombros, es hora de clamar en la certeza de que el Todopoderoso cambiará el curso de la historia para que esté a su favor.

¡Es hora de cambiar!

Posiblemente hasta ahora usted estuvo inmerso en prácticas ocultistas. A la luz de la Palabra descubre que trae maldición, es un canal por el cual Satanás toma posesión de las personas y manifiesta un tácito rechazo a Dios.

Sobre esa base usted quiere cambiar. Hay oportunidad. Renuncie ahora mismo a sus costumbres y deposite toda su confianza en Dios. Él le está esperando con los brazos abiertos. Además una sugerencia: reciba a Jesucristo como Señor y Salvador, y permítale que tome control de su existencia.

Hacerlo es fácil. Dígale en oración: "Señor Jesucristo, te recibo como mi Señor y Salvador. Gracias por perdonar mis pecados. Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea. Amén"

Si recibió a Jesús en su corazón, tengo tres recomendaciones. La primera, que lea la Biblia diariamente y aprenda allí los principios dinámicos que le ayudarán en el crecimiento personal y espiritual. La segunda, que ore. Orar es hablar con Dios. Y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia. ¡Su vida será diferente desde hoy!

© Fernando Alexis Jiménez

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Recobrando los territorios que nos robó Satanás

Impacte el mundo espiritual desde la dimensión física Impacte el mundo espiritual desde la dimensión física

Fernando Alexis Jiménez

Insólito. Una palabra que resume lo que ocurría en la calle del muerto. Larga, angosta, con baches en el asfalto, como si se tratara de un trágico escenario después de un bombardeo en Beirut.

 

Ocurrió de todo desde accidentes de tránsito, pasando por crímenes agotados en la vida de incautos transeúntes, hasta incidentes de violencia intrafamiliar que estallaban de manera sorpresiva e inexplicable.

 

--Vivir en este barrio es un infierno--, comentó doña Mélida mientras se abanicaba con una revista, un atardecer caluroso y monótono como la función de un payaso triste.

--No creo que podamos hacer mucho—le respondió su marido, mirando en la distancia a dos niños que jugaban a la pelota, despreocupados de todo y de todos.

--Sí, pues no podemos quedarnos quietos mientras que este sector que me vio crecer, otrora tranquilo y amañador, año por año se deja ganar terreno por la maldad—interrumpió la nieta.

--Tú y tus cosas de religión---cuestionó la abuela, arrugando el ceño y mirándola a través de los anteojos, gruesos y grandes como lentes de telescopio.

--No, abuelos. No es asunto de religión. Es simplemente recobrar el terreno que nos ha venido ganando Satanás—explicó la muchacha. Había logrado captar la atención de los ancianos.

--Tonterías de fanáticos religiosos—desestimó su abuelo con el característico movimiento de mano, que igual denotaba indiferencia o desdén.

--Te equivocas, abuelo—dijo ella.—Nos movemos en dos dimensiones: una física y la otra espiritual. Y la espiritual ejerce influencia en la dimensión física. Es la mejor explicación para lo que está ocurriendo en la cuadra. Tanta violencia y muerte no son algo lógico--. La joven ponía énfasis en cada una de sus palabras.

--Déjala que nos explique…--salió al paso la abuela cuando adivinó el deseo de su marido, de irse hacia la sala. Tantos años de compartir la vida juntos le permitía casi anticiparse a lo que haría él.

 

Hablaron por largo rato. La chica les detalló qué decía la Biblia al respecto. Ella comenzó orando, inicialmente en la soledad de su cuarto, en procura de recuperar el territorio en manos de Satanás. En menos de tres semanas otros cristianos comprometidos, se sumaron a su tarea, haciendo caminatas de oración y clamor, ungiendo todos los rincones y fachadas de las casas con aceite.

 

Aunque muchos se reían al verlos, no pudieron ignorar los cambios que se produjeron en el sectgor. Los índices de violencia se redujeron dramáticamente y dos antros que funcionabamn cerca, cerraron sus puertas. Ni siquiera los propietarios podían explicar qué los impulsaba a moverse a otro lugar. ¡Los cristianos retomaron el control de la zona!

 

La lucha de dos mundos

 

Aun cuando muchas personas se resistan a aceptarlo, se libra una batalla entre dos mundos con características particulares: el físico y el espiritual. Y desde los dos, hay una interacción. En cierta ocasión el Señor Jesús, al recibir la declaración del apóstol Pedro sobre su divinidad, le dijo: Y yo también te digo, que tú eres Pedro,  y sobre esta roca  edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Entonces mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo. ”(Mateo 16:18-20)

 

Esa prerrogativa fue dada a los cristianos. Desde la dimensión material en la que nos movemos usted y yo, impactar la dimensión espiritual. Si clamamos, que lo hacemos desde la dimensión física, recibimos respuesta desde la dimensión espiritual, proveniente de Dios (Cf. Mateo 6:10). Igual cuando se trata de impactar las huestes de maldad. Si bien es cierto lo hacemos desde la dimensión física, Satanás y todos sus secuaces tienen que darse a la huida porque les estamos golpeando a través de un mecanismo poderoso como es la oración.

 

Cuando los cristianos tomamos conciencia de esta realidad, se producen unos cambios extraordinarios en el medio que nos circunda. ¡Podemos recobrar los territorios que nos robó Satanás con sutileza y engaño! Piénselo: su nación, su provincia, su ciudad e incluso, el sector que habitan, pueden ser gobernados plenamente por Jesucristo si desde ya nos damos a la tarea de enviar en derrota todas las huestes de maldad que hoy dominan como consecuencia del pecado del género humano (Cf. Santiago 4.7)

 

Debemos tomar posesión de los territorios

 

Cuando Dios nos concede algo, por ejemplo nuestra familia a quienes somos creyentes, debemos obrar en fe y posesionarnos de todo cuanto nos fue legado. Declararlo con las palabras y creerlo con el corazón.

 

Encuentro una excelente ilustración de este punto cuando se produce la muerte de Moisés y Josué—su más cercano colaborador—es encargado de llevar el pueblo de Israel a la tierra prometida. Dios fue explícito cuando le transfiere la misión pero a la vez, el poder y la autoridad: “Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie. Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los heteos hasta el gran mar donde se pone el sol, será vuestro territorio. ” (Josué 1:2-4).

 

En el pasaje Dios declara que todo territorio que pisaran—es decir, de los cuales tomaran posesión—lo entregaba en su poder. El asunto no solo era que dijeran: “Esa tierra nos pertenece”, sino que tomaran posesión de ella. Que dieran la batalla, no en sus fuerzas sino en las del Señor.

 

Piense por un instante en el territorio que habita: ¿Hay violencia?¿Drogadicción?¿Promiscuidad sexual?¿Muertes?¿Brujería? Ahora, en el plano personal: ¿Enfrenta obstáculos?¿Ataques en su vida espiritual? Y, qué decir de su familia: ¿Se dificulta que su cónyuge, hijos y familiares reciban el mensaje de Salvación?¿Alguno de sus allegados está sometido a las drogas o aun comportamiento moral riesgoso?

 

Si es así, mi pregunta obligada antes de proseguir con el Estudio Bíblico es: ¿Qué está haciendo usted para recobrar ese territorio que Satanás ha robado con engaño y sutileza? Es suyo, como lo es su familia y las bendiciones prometidas por Dios para su existencia—por ejemplo--, pero por asumir una actitud pasiva frente al asedio y ataques del adversario espiritual, ha cedido espacios que hoy debe recobrar. ¡La batalla será victoriosa porque no vamos a pelear nosotros solos, sino con Jesucristo como nuestro poderoso capitán!

 

Tenga presente que Dios le dijo a Josué y también a nosotros hoy, que es necesario tomar posesión del terreno. No resignarnos sino tomar lo que nos pertenece. Dar la batalla desde el mundo material, impactando la dimensión espiritual. ¡Toda atadura debe romperse!

 

Creer y obrar, clave para materializar las promesas

 

La guerra espiritual tiene dos cimientos muy valiosos. El primer creer en las promesas de Dios. El segundo, actuar. Están estrechamente ligados. Por ese motivo Josué y los israelitas se decidieron a avanzar en esa dirección: creer y obrar. Cruzar el río Jordan era un primer obstáculo. Dios les prometió que al tomar posesión, es decir, cuando sus pies tocaren las aguas, se produciría el milagro. “Y cuando las plantas de los pies de los sacerdotes que llevan el arca de Jehová, Señor de toda la tierra, se asienten en las aguas del Jordán, las aguas del Jordán se dividirán; porque las aguas que vienen de arriba se detendrán en un montón.”(Josué 3:13). 

 

Sin duda para muchos debió ser aterrador tener ante sus ojos la majestuosidad de este enorme río. Pero ¡Creían lo que Dios les anunció! Por eso recibieron la victoria al atravesar lo que había sido una enorme mole de agua: “Y aconteció que cuando los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová subieron de en medio del Jordán, y las plantas de los pies de los sacerdotes estuvieron en lugar seco, las aguas del Jordán se volvieron a su lugar, corriendo como antes sobre todos sus bordes.”(Josué 4:18)

 

Su familia, las propiedades, el trabajo, el sector que habita, la ciudad y la nación, son para Cristo. Le corresponde a usted tomar lo que es suyo. No permita que Satanás siga usurpando lo que el Señor le otorgó. No se conforme. ¿Por qué ver a sus hijos inmersos en drogas, su matrimonio en ruinas, los recursos económicos yéndose al drenaje y la sociedad en la que usted se desenvuelve sumida en el caos?

 

Territorios ganados mediante guerra espiritual

 

Llegado el momento decisivo, los israelitas con Josué a la cabeza, libraron una batalla pero no en la dimensión física sino espiritual. ¡Y conquistaron Jericó! Recuerde que tal como lo relata el capítulo 6 del libro de Josué, era una ciudad bien cerrada para evitar incursiones del enemigo (versículo 1).

 

La urbe, ubicada en el valle del Jordan (Cf. Deuteronomio 34.1, 3), a unos 8 kilómetros del mar Muerto, era estratégica porque permitía el dominio de un amplio territorio. Los historiadores señalan que los muros tenían una altitud de 9 metros y 2 metros de espesos. Una auténtica mole de piedra. Sobre las murallas había viviendas. Y sus moradores estaban preparados para dar la batalla.

 

Frente a esta realidad tangible, los israelitas concebían la posibilidad de entrar por la fuerza, aunque por supuesto, muchos debieron verse asaltados por el temor y el desánimo. Pero Dios les enseñó una estrategia diferente, que nosotros en nuestro tiempo definimos como plan de guerra espiritual: “Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas. Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá; entonces subirá el pueblo, cada uno derecho hacia adelante.” (Josué 6:2-5)

 

Sonaba ilógico, pero Josué y los israelitas emprendieron la batalla con las armas más inverosímiles, tratándose de un reto tan grande como era conquistar una ciudad fortificada: rodear el terreno tomando posesión de él, elevar sonidos de guerra—que no es otra cosa que la oración del pueblo en procura de un hecho que rompa toda explicación--, depender del poder de Dios, y finalmente: proclamar victoria.

 

Piense por un instante en el territorio que habita, en su propio hogar, las finanzas personales… y tantos otros espacios que son suyos, que le corresponden, y que llegó la hora de retomar en el poder, la autoridad y la unción de Jesucristo.

 

Al séptimo día de estar rodeando y posesionándose del terreno, dieron la última batalla espiritual: Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó, El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron.”(Josué 6.20)

 

Por supuesto que Satanás tratará de disuadirlo diciéndole a su mente que sólo es una exposición de un fanático religioso. Incluso, es probable que le siembre semillas de dudas. Comprensible porque Él quiere seguir en control de los territorios, de ciudades, de hogares y de finanzas personales. ¡No le crea! Créale a Dios.

 

Entre 1907 y 1952 arqueólogos europeos y norteamericanos realizaron excavaciones en Cisjordania, donde se ubicaba Jericó. Los estudios a fondo que realizaron, corroboraron que los muros en efecto cayeron, tal como lo evidencian restos de piedra y argamasa desenterrados. Se produjo una implosión, es decir, la estructura cayó de adentro hacia afuera. Precisan que los cimientos no fueron minados y el desplome se debió probablemente a un terremoto. Hay evidencias además, que paralelamente debió producirse un incendio al interior de la ciudad.

 

Tres círculos divinos de protección

 

La Biblia es clara cuando enseña que Dios ha definido círculos de poder para proteger nuestra vida, nuestra familia y nuestras posesiones. El mismo Satanás debió reconocerlo, hablando del patriarca Job a quien él no podía atacar. El adversario lo admitió ante el amado Padre celestial: Satanás replicó:—¿Y acaso Job te honra sin recibir nada a cambio?  ¿Acaso no están bajo tu protección él y su familia y todas sus posesiones? De tal modo has bendecido la obra de sus manos que sus rebaños y ganados llenan toda la tierra. Pero extiende la mano y quítale todo lo que posee, ¡a ver si no te maldice en tu propia cara!”(Job 1:9-11, Nueva Versión Internacional)

 

Ah, sin duda estará pensando cuidadosamente en lo que hemos estudiado y en una realidad para su vida: desde el mundo material impactamos el mundo espiritual haciendo guerra espiritual (Cf. Efesios 6.12). Por ese motivo, hoy es el día para que cierre toda puerta que haya abierto a la maldad y comience a recuperar territorio en su ciudad, en su hogar, en su vida personal y sus finanzas.

 

¿Cómo hacerlo? Primero, evalúe su vida cuidadosamente, identificando dónde hay puertas abiertas al mundo de la maldad; segundo, sométase a Dios plenamente (Santiago 4:7); tercero, párese en la brecha y ordénele –en la autoridad que le dio Jesucristo—que se vaya de su vida, familia, posesiones y territorio. ¡Recobre el terreno! Jamás olvide que lo hacemos en oración y clamor, una poderosa arma que están dejando de utilizar los cristianos, mientras que el diablo está feliz porque puede seguir su estratagema de engaño y mentira.

 

Adelante. No se detenga. ¡Usted nació para tomar la victoria en Cristo! Jamás lo olvide: Satanás está derrotado. Usted, como hijo de Dios, es el vencedor.

 

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme a fernandoalexis@aol.es  o si lo prefiere, me puede contactar en (0057)317-4913705.

 

© Fernando Alexis Jiménez

Dios nos acompaña en el momento difícil

No estás solo ¡Dios está contigo! No estás solo ¡Dios está contigo!

Fernando Alexis Jiménez

Estaba enfermo. "Es un tumor", dijo el médico que lo atendió en la clínica. Lo expresó con una actitud impasible. Sin duda estaba acostumbrado a dar ese tipo de diagnósticos. Y también es probable que hubiese visto muchos rostros apesadumbrados como el de José Aníbal Buendía Arango, cuando comprobó por si mismo la gravedad de la protuberancia que, además de dolorosa, iba tomando una forma mayor en su estómago.

Meditó en su vida. Era un cristiano fiel. No faltaba a ningún servicio de la iglesia. Pero más que alguien con una Biblia bajo el brazo que tiene asegurada su membresía y es creyente que ofrenda y diezma con asiduidad, estaba su vida personal. Era de buen testimonio. Lo atestiguaban sus familiares y amigos. Se preguntó con desesperación: "¿Por qué tiene qué ocurrirme a mi, y ahora, Dios mío?".

Un rápido examen a los sucesos de los últimos días le llevó a reconocer que había sido afortunado al ir al médico con rapidez. Razonó: Dios no lo dejaría solo en ese tránsito difícil.

--Me someteré a la operación—dijo aunque, desde su estado de ánimo apocado sentía que escuchaba las palabras desde la distancia y le parecía increíble que salieran de sus labios.

Sentía nervios pero se preparó en oración. No dejó de hacerlo. Clamó con insistencia. Sabía que su única fortaleza estaba Dios. Nadie más podría hacerlo.

La tumoración fue extirpada. Las muestras sobre el tejido interno estomacal revelaron que ya no había peligro. El médico siguió impasible, aún después de la intervención quirúrgica. "Todo salió bien", diagnostico. José Aníbal entendió que sólo el Dios de poder en el que había creído, era capaz de obrar un milagro así.

El Señor nos acompaña en todo momento

En la Biblia leemos una frase de confianza en la compañía y ayuda permanente del Señor. "Aún si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado: tu vara de pastor me reconforta" (Salmo 23:5. NVI).

Si bien es cierto los problemas asaltan nuestra tranquilidad y la enfermedad amenaza con robarnos la paz, es en Dios en quien debemos confiar. Una es la voz que diagnostica la ciencia médica, muchas veces contraria diciéndonos que no hay salida. Otra bien diferente es la voz que proviene de Dios y que nos invita a estar tranquilos: "El SEÑOR es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia por amor a su nombre" (Salmo 23:1-3. NVI).

Ése es el Dios en quien hemos creído. Un Dios que está a nuestro lado, nos acompaña como un Padre amoroso y desea lo mejor para usted y para mi.

Tenemos confianza de que obrará milagros a favor nuestro. Por esa razón, oramos en la certeza de que se producirá la respuesta. ¡Hoy es el día para su milagro! No cese de clamar delante de Dios Padre.

Si desea que le ayudemos a interceder, escríbanos ahora mismo...

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¿Tu corazón está realmente limpio?

Hoy es el día para que comiences el proceso de cambio Hoy es el día para que comiences el proceso de cambio

 

Fernando Alexis Jiménez

Aunque al gerente de aquella empresa le advirtieron que el nuevo asistente financiero tenía un historial de fraudes en otras factorías, sintió paz cuando vio la hoja de vida. Sin duda reunía las características profesionales que necesitaban. "No creo que alguien haya hecho un recorrido así siento un timador", razonó.

Sin mayores miramientos aprobó su ingreso, el cual fue avalado por la junta directiva. "Considero que se trata de una buena contratación", les dijo.

Once meses después descubrieron un desfalco progresivo y, tan bien disimulado, que resultó difícil comprobar los faltantes. Además muchos recibos que soportaban compras de insumos, eran falsos.

Aquél hombre los había engañado. Aunque atrayente en su imagen y con facilidad de expresión, el problema estribaba en lo que guardaba en su corazón. No había transparencia en sus acciones, y aunque se amparara en un buen desenvolvimiento pasado, temprano o tarde iba a aflorar lo que en verdad sentía.

Igual con el joven que llegó a la congregación. Al pastor le llamó la atención el tamaño de la Biblia que siempre llevaba. Era bastante grande. "Las letras son más fáciles de ver", les explicó.

Vestía impecablemente. Sabía muchos versículos bíblicos y, además, manifestaba un vivo interés por predicar a todos acerca de las Buenas Nuevas.

--Será un buen líder en nuestra congregación—dijo un día a sus inmediatos colaboradores.

--Es probable que sí. Tiene mucha disposición para la obra—coincidió con él, el diácono administrativo.

Sólo la voz de una anciana, a cargo del grupo de oración, constituyó la nota discordante:

--Yo considero—dijo—que debemos esperar un tiempo. Analicemos su testimonio. Luego veremos--.

--No sea tan prevenida—intervino alguien--. Uno no debe ni puede moverse alrededor de prejuicios. Hermana, por favor, recuerde los principios del amor cristiano...—

La mujer prefirió callar. Y el tiempo le dio la razón...

Tres meses después y para escándalo de todos, una de las jovencitas del grupo de alabanza había caído en inmoralidad con él. La sedujo e incluso, parapetándose tras unos versículos bíblicos, le hizo creer que no había nada de malo en lo que hacían. Y desapareció, cuando comprobó, días después, que la chica estaba en embarazo.

--Yo les advertí...—dijo la anciana el día que se reunieron a analizar el caso.

--Lo sabemos, hermana. Pero no es hora de lamentarnos sino de encontrar una salida--, le interpeló el pastor.

¿Se ha preguntado cuántas veces fuimos víctimas del engaño por guiarnos por las apariencias de los demás?¿Ha meditado en el sinnúmero de ocasiones en las que usted obró movido más por lo que hay dentro de su corazón que por los buenos principios que deben motivarlo en todo su desempeño social, eclesial y familiar?

¿Qué hay en su corazón?

Pregúntese con detenimiento, ¿Qué hay en mi corazón? "¿Todavía albergo maldad o estoy limpio y dejándome tratar por el Señor de manera que se produzca una transformación en mi forma de pensar y de actuar?"

Lo que hay dentro nuestro es muy importante, porque lleva a la práctica lo que guardamos en el corazón, incluso lo que nadie jamás imagino. Al respecto el Señor Jesús enseñó: "El bien que hacen los buenos proviene de lo que hay en el corazón, y el mal que hacen los malos proviene de lo que hay en su corazón, porque las palabras denuncian lo que hay en el corazón" (Lucas 6:45. Versión La Biblia, la Palabra de Dios para todos).

Hombres y mujeres de corazón limpio, en el que no anide la maldad, que se alimenten de cosas buenas y no del engaño, donde no hallen cabida la mentira, las conversaciones deshonestas, la vulgaridad, la pornografía y la hipocresía, es lo que Dios anhela.

En su magistral intervención en el Sermón de la Montaña, el Maestro destacó como "Afortunados los que tienen corazón puro, porque ellos verán a Dios" (Mateo 5:8. Versión La Biblia, la Palabra de Dios para todos).

Un mundo interior atormentado, en el que se forman grandes huracanes, movido por la pasión, nos arrastra con la corriente del mundo y paralelamente nos distancia de Dios.

Alguien con quien hablé un domingo, después del servicio religioso, me explicaba lo profundo que había calado el mensaje en su corazón. Es gerente comercial de una importante empresa en Santiago de Cali. Tiene reconocimiento social, solidez económica y una familia encantadora. Si embargo, su vida es un desastre.

Tras revisar el panorama que ofrecía todo alrededor, descubrimos que tenía todas las condiciones a favor. El problema no estaba en los demás; el problema estaba en él. Y coincidimos en que, superar aquella crisis, obligaba un examen cuidadoso de lo que guardaba en su corazón y abrirle las puertas al Señor Jesús para que operara la transformación anhelada. Aquél hombre fue libre. Se abrió, sin prejuicio alguno, al mover de Dios. Y cuando eso ocurre, Dios se glorifica...

Un corazón limpio, parte de una actitud...

Nadie cambia bajo presión. El borracho no dejará de beber porque su esposa le dé cantaleta. El hijo drogadicto no abandonará el vicio por mucho que sus padres decidan dejarlo durmiendo en la calle. El adúltero no se apartará de su mal proceder porque la esposa, gritando, le anuncie la disposición de divorciarse.

El cambio comienza con una actitud. Primera, de reconocer que las cosas no andan bien en nuestra vida, y la segunda, el convencimiento de que es urgente aplicar algunos cambios.

La mejor fórmula la ofreció el apóstol Pedro al dirigirse a los creyentes del primer siglo y también a nosotros hoy: "Entonces, no hagan ningún mal: no digan mentiras, no sean hipócritas, no sean envidiosos ni se maldigan unos a otros. Sean como bebés recién nacidos y busquen con ansia la leche espiritual pura. Así podrán crecer y ser salvos, ya que han saboreado lo bueno del Señor" (1 Pedro 2:1-3. Versión La Palabra de Dios para todos).

Hay dos elementos significativos para resaltar. El primero, la disposición que debe nacer de lo más profundo de nuestro ser para cambiar. Y la segunda, tomar conciencia que el propósito de Dios es que crezcamos en las dimensiones personal y espiritual, lo que amerita una transformación que sólo Él puede ayudarnos a alcanzar.

El plan de nuestro Creador es que haya cambio en nuestra forma de vida, resultado de un corazón limpio en el que Dios ocupe el primer lugar. No de otra manera se explica que, como lo explica Pedro, Él "...los rescató a ustedes de la vida sin sentido que llevaban antes; así vivían sus antepasados, y ellos les enseñaron a ustedes a vivir de la misma manera. Pero ustedes saben muy bien que el precio de su libertad no fue pagado con algo pasajero como el oro o la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, quien es como un cordero perfecto y sin mancha" (1 Pedro 1:18, 19. Versión La Palabra de Dios para todos)

Cuando reconocemos que estamos actuando mal y que reincidimos en esa conducta, causándole daño a quienes nos rodean y por supuesto, a nosotros mismos, debemos meditar en el hecho de que es hora de "romper los paradigmas".

Muchos de los principios de vida que aprendimos en la familia, en la universidad o en el trabajo no son necesariamente los mejores, así todos los practiquen. Es necesario reemplazar esos patrones de comportamiento por los principios que aprendemos cada día en la Biblia. Constituyen el camino al éxito y a la realización en todos los órdenes.

Un corazón limpio nos acerca a Dios

La Biblia nos enseña que cuando permitimos que se produzca una limpieza en nuestro corazón, logramos un acercamiento e intimidad permanentes con Dios nuestro Hacedor: "¿Quién puede subir al monte del SEÑOR? ¿Quién puede entrar y adorarlo en su templo santo? El de manos limpias y corazón puro, el que no adora ídolos ni ha hecho faltas promesas. Esta gente lleva a otros las bendiciones del SEÑOR, y busca que Dios el Salvador haga justicia" (Salmo 24:3-5. Versión La Palabra de Dios para todos)

Limpiar nuestro ser interior tiene dos efectos altamente beneficiosos. El primero, es mantenernos en contacto con el Supremo Hacedor, en Su presencia. Y el segundo, ser bendecidos por Él y convertirnos en instrumentos de bendición para quienes nos rodean.

Los grandes hombres de la Biblia como Abraham, José, Moisés, Gedeón, David y Salomón, para colocar sólo unos ejemplos, fueron bendecidos por el Señor e impactaron con bendición a sus congéneres. ¿Por qué ocurrió esto? Porque Dios mira lo que hay dentro del corazón, no las apariencias. Y no podemos olvidar que justamente por dejarnos mover por lo que "ven nuestros ojos" hemos cometido grandes equívocos con las personas que tenemos enfrente.

Dios te ayudará a cambiar

¿Cómo poder cambiar y empezar de nuevo una vida que nos conduzca al crecimiento personal y espiritual? La respuesta es sencilla: permitiéndole a Dios que tome el control. Él como poderoso gigante y como experimentado Capitán, llevará la embarcación de nuestra existencia a puerto seguro.

Fue Dios mismo quien hizo este anuncio y a la vez promesa a Su pueblo: "Cuando regresen, echarán de allí todas las cosas detestables y todo lo que profana. Entonces les daré un corazón sincero y un espíritu nuevo. Cambiaré el corazón de piedra que tienen por uno de carne para que cumplan mis leyes y obedezcan mis mandamientos. Entonces ellos serán mi pueblo, y yo seré su Dios" (Ezequiel 11:18-20. Versión La Biblia, la Palabra de Dios para todos).

Recuerde que se dirigía en particular a los israelitas que estaban cautivos en Babilonia como consecuencia de su pecado y alejamiento del Señor. Les dijo que, si se volvían a Él, produciría un enorme cambio en sus corazones, que redundaría en tres factores: el primero, un corazón renovado; el segundo, asumir nuevos parámetros de conducta en consonancia con las Escrituras y, el tercero, andar en rectitud ante el Creador, siendo agradables en Su presencia.

Hoy es el día para comenzar esa transformación. ¿De qué manera? Reciba al Señor Jesús como su único y suficiente Salvador. Dígale en una sencilla oración: "Amado Señor Jesucristo, te recibo en mi corazón. Gracias por perdonar mis pecados y ofrecerme una nueva vida. Cambia mi corazón y haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Amén"

¡Lo felicito! Ha dado el mejor y más grande paso. Es lo mejor que pueda haber ocurrido en su existencia. Ahora tengo para usted tres sugerencias: la primera, que hable con Dios diariamente. Orar es hablar con Dios. Contarle todo lo que hay dentro de nosotros. Expectativas, sueños frustraciones, todo.

La segunda, que aprenda principios de vida exitosa, contenidos en la Biblia. Le ayudarán a crecer como persona y en su desenvolvimiento espiritual. Y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia cristiana. La comunión con otros hermanos en la fe y el pastoreo permanente que recibirá, serán altamente beneficiosas para su ser.

¡Ánimo! ¡Hoy ha comenzado una nueva vida!

Basado en los apuntes del Ps. Fernando Alexis Jiménez para la conferencia "Un corazón limpio", dictada en la Iglesia Cristiana "Santuario del Espíritu Santo", en la ciudad de Trujillo, en el Perú.

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Dios tiene un propósito con cada nueva circunstancia

Dios no hace nada por casualidad Dios no hace nada por casualidad

Fernando Alexis Jiménez

Lo echaron del trabajo. La mañana del lunes inmediatamente después de un fin de semana que pasó alegre, como un niño en un parque de diversiones; cuando pasó junto a su esposa una velada inolvidable celebrándole el cumpleaños e incluso, después de ver una película con sus hijos, conversó con ellos como nunca antes. Rieron hasta que las lágrimas afloraron de sus ojos, en esa sensación de gozo indescriptible que a veces, en momentos únicos e irrepetibles, llegamos a experimentar.

Y justo al día siguiente, la carta. "Agradecemos su vinculación a la empresa. Dado que nos aprestamos a realizar una reducción de personal, dispusimos suprimir el cargo que ocupa. El Departamento de Personal ha dispuesto el pago de la indemnización correspondiente". Tras esas líneas, la firma del gerente.

Iba orando a Dios, camino de la oficina. Sentía una enorme rabia, porque consideraba que era algo injusto, pero igual, se dispuso a aceptarlo. "Señor, tú sabes lo que haces".

Cierto, estuvo en casa tres semanas. Junto a Laura, su esposa, oraban. Incluso hasta muy tarde en la noche. Y se leyó todos los libros cristianos que había comprado en año y medio y que tenía apilados en un escrito. Los disfrutó. Oraba y leía. "Señor, tú sabes lo que haces", repetía.

Un jueves llegó la respuesta. Lo llamaron. Verificaron su nombre. "Lo necesitamos mañana, en caso de que pudiera, a primera hora. El gerente de personal quiere entrevistarlo. Buscamos alguien con su perfil y nos lo recomendaron".

Aquella salida del trabajo fue una bendición. Para mejor. Le sirvió para el crecimiento. Lo que para otros hubiese sido una desgracia, para Leonardo se volvió en una oportunidad de tener un nuevo empleo y mejores condiciones.

Piense no en el por qué, sino en el para qué

Los hombres y mujeres que se someten al trato de Dios, no se preocupan ni preguntan tanto sobre el por qué sino acerca del para qué. Nuestro Padre celestial tiene una forma especial de moldearnos. Y lo hace en su debido momento. Y en sus manos está el amargarse por el asunto, o darle gracias al Señor por cada nuevo evento de trato.

José, el mandatario de Egipto descendiente de Israel, primero fue vendido por sus hermanos como esclavo; estuvo en la cárcel; fue azotado y señalado injustamente; sin embargo, años después cuando los encontró, antes que vengarse por el mal que le causaron, les dijo:

"Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto. Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas. Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes" (Génesis 45:7-10).

Si usted y yo estamos en la voluntad misma de Dios, Él obrará circunstancias a nuestro favor (Cf. Romanos 8:38) Nada será en contra. Permita que el amado Padre trate con su existencia y verá como avanza en el crecimiento personal y espiritual.

Hoy es el comienzo de una nueva vida

Lo mejor que le puede ocurrir a un ser humano, es tener un encuentro personal con el Señor Jesucristo. Es sencillo. Basta abrirle las puertas del corazón con una sencilla oración. Dígale: “Señor Jesús, te recibo como mi único y suficiente Salvador. Haz de mi la persona que tú quieres que yo sea. Gracias por perdonar mis pecados y abrirme las puertas a una nueva vida. Amén”

Como sin duda hizo esta oración, le felicito. Ahora que tiene a Cristo en su corazón, tengo tres recomendaciones. La primera, que ore diariamente. Saque un tiempo para hablar con Dios. Le ayudará en su crecimiento espiritual. La segunda, que lea la Biblia. Allí aprenderá principios maravillosos que le conducirán al crecimiento personal y espiritual. Y la tercera, que comience a congregarse en una iglesia cristiana donde se enseñen principios bíblicos.

Si tiene alguna inquietud, por favor, no dude en escribirme a fernandoalexis@aol.es y le comparto mi teléfono dispuesto para cualquier situación de consejería (0057)317-4913705

© Fernando Alexis Jiménez